En nuestro país, ser un luchador social representa una cuasi-sentencia de muerte.
Todo aquel que ose confrontar el statu quo del gran capital enfrenta una serie de presiones crecientes conforme su reclamo comienza a lastimar alguno de sus enormes tentáculos.
No importa el tema en cuestión: sea ecológico, social, político o de seguridad.
Al final de todos ellos, siempre se encuentra el gran capital con alguno de sus macabros representantes.
Hay una enorme lista de activistas ejecutados; el último de ellos, Carlos Manzo, alcalde de Uruapan, Michoacán.
Pero antes de él, hubo decenas.
A Manzo no solo lo silenciaron las balas; lo ultimó el mensaje más atroz, ese que muy pocos vieron: un menor de edad, adicto, sin identidad, enviado al matadero por unos cuantos pesos.
No fue una coincidencia:
El mensajero era también el mensaje.
¿Por qué “mensaje”? #
Porque como él hay cientos de miles de jóvenes que, ante la coyuntura político-económica global, se sienten arrumbados a un futuro sin salida.
Y por ello, muchos están dispuestos a convertirse en “pollitos de colores”, como los apodan los soldados:
pollitos de colores porque solo duran vivos una semana.
Hoy, el gran capital —camuflado en un movimiento de “jóvenes”— pretende mandar al matadero a esos pollitos de colores contra un movimiento que, a tumbos, busca una transformación nacional que afecta sus enormes intereses saqueadores.
¿Qué nos queda? #
¿Qué nos queda a quienes queremos participar y buscar un presente y un futuro más justos en todos los temas que envuelven nuestra realidad?
¿Metemos la cabeza bajo la tierra como avestruces, nos fundimos en el scroll infinito de TikTok,
o nos organizamos más y de manera diferente?
#CorazónPlayense te pregunta: #
¿Tú qué opinas? 💬